Acheronta  - Revista de Psicoanálisis y Cultura
Un consumo de locura
Gustavo Guerra

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Los empleados más viejos,
por ende los que ganan sueldos más altos,
no están muriendo al ritmo que esperábamos,
por eso la empresa ha decidido reducir su cobertura médica,
de manera de acelerar el proceso…

Extracto no literal de la animación
The Dilbert Zone (Scott Adams, Fox Kids)

Mi propósito es compartir y documentar una serie de reflexiones sobre algunas "tendencias" que, a mi entender, han ido instituyendo ciertos modos de funcionamiento en nuestro Sistema Sanitario privado (el público, o lo que han dejado de él a lo largo de décadas de depredación, merecería un análisis particular).

Múltiples pueden ser las hipótesis e infinitas las consecuencias posibles, pero lo mínimamente constatable, que circula en algo más que en un nivel imaginario, es la situación a la que refiere éste epígrafe, producto de la lúcida visión del caricaturista.

Anécdotas y comentarios, de experiencias compartidas con colegas y profesionales de otras disciplinas, parecen confirmarlo.

Aún así, al ser las mías sólo reflexiones, estarán despojadas de datos cuantificables y comprobables.

Hablé de sistema o sea de un conjunto de reglas, principios o cosas que ordenadamente y entrelazadas entre si, contribuyen a un determinado fin.

Un sistema se reordena permanentemente tanto para mantenerse como para modificarse en el tiempo, pero siempre sigue per se el claro objetivo de sostenerse, de perdurar.

Como tal, el que nos compete, no está aislado de los avatares históricos, políticos y sociales que conmutan todos y cada uno de nuestros actos cotidianos.

La consecuente depauperación de valores materiales, e spirituales y referenciales, va dejando lugar a la anuencia, el cinismo, la sumisión y la competitividad, como modos de funcionamiento institucional; en detrimento de la discusión, el intercambio, la solidaridad, el compromiso y en lo que nos compete, la actitud clínica.

El poder estatutario y económico pasa, a veces, a ser figura, el saber se centrará más en las estrategias de cómo alcanzarlo, que en la necesidad de adquirir y desplegar ese saber en referencia a otro, que se nos presenta con una interrogante relacionada a su sufrimiento.

La Salud como el crimen (omitamos el de guante blanco) "no paga", sin embargo se ha ido transformando en un Sistema Mercantilista, el otrora Servicio (palabra que encierra extensas e intensas connotaciones) se transforma en Empresa y en consecuencia el paciente en consumidor.

El profesional deberá entonces optar por el hiperprofesionalismo (postgrados, doctorados, maestrías), no como manera de complejizar su conocimiento, sino como modo de aumentar su competitividad en el mercado, trocándose él también en un consumidor.

De lo contrario deberá elegir entre la renegación o la resignación, en ésta última mostrando su absoluta obediencia y obsecuencia para con las normas instituidas; lograr ser "el empleado del mes" le aportará un nuevo "pin" a su moñita.

Se arrojará al vacío junto con la posibilidad de asistir a ese otro ser humano que padece.

El experimentado pasará a ser un "veterano de guerra" marginal, si no logra ajustarse al sistema, el más joven recién recibido y necesitado, si se adaptara sin cuestionamientos frente a los códigos instituidos, se transformará en "mano de obra barata", con la consecuente pérdida de modelos referenciales, sumiéndose así en el desamparo y la inconteción.

Los oligopolios de la salud y sus caricaturescos emuladores menores, ofrecen este modo de funcionamiento, no importa en que disciplina: médicos, odontólogos, psicólogos, etc.; no importa en que especialidad dentro de ellas.

El acto clínico se trastoca y adviene en ofrecimiento de una "salud chatarra","al paso ", dando lugar entonces a las honestas, bien intencionadas y cuasi religiosas Asociaciones-de lo que sea- Anónimos, los inventos de grupos "caza-fantasmas", los gurúes y pastores de la salud al mando de sus pretendidas instituciones sin fines de lucro y los multiservicios asistenciales, ofrecidos por una irrisoria cuota, que especulan, por una parte con el ingreso masivo de pacientes a los que nunca llegarán a personalizar y por otra con el pago de menguados salarios a los profesionales que contratan.

Innovaciones postmo que atacan los pre-supuestos prehistóricos y conservadores objetivos de estas mismas disciplinas.

Ni parapetados en la ignorancia y resistencia frente a los cambios, ni anquilosados y defendidos ante una pretendida ortodoxia; apostando a subvertir, sin perder de vista que el apelativo de "conservadores" no nos va en detrimento alguno, si de lo que se trata es de conservar y no anublar nuestro único y mas preciado horizonte; desde nuestra perspectiva psicoanalítica, la relación del paciente y su ética, desde una perspectiva disciplinar, nuestro compromiso con él.

Ps. Gustavo Guerra

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Revista de Psicoanálisis y Cultura
Número 26 - Octubre 2010
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